viernes, 16 de abril de 2010

La Profe

Yo quería aprender a bailar, como mínimo, la chacarera.
Entonces empecé clases de folklore la semana pasada.
No tenía mayores expectativas más que poder bailar algo en las peñas para bajar los múltiples fernetes.
No tenía mayores expectativas... hasta que conocí a La Profe.
Paso a explicar: Veintipico de giros alrededor del sol, pelos largos, musculosa chiquitita, pantalones sueltos a-la-jipi, bronceado natural y esos terribles ojos negros que cada vez que sonríe (y sonríe todo el tiempo) lanzan chispitas mágicas. Me pasé toda la clase tratando de develar si esos destellos eran el reflejo de la luz o le salían de adentro. Evidentemente, era lo segundo.
Lo tempestuoso del amor es que es irreversible.

Hoy volví a clases. Somos poquitos: 2 bailarines profesionales, un señor grande copado y yo. La bailarina me rompe el culo en todo. Quiero matarla. Tiene una gracia envidiable. Y yo me muero de vergüenza. Encima tengo pésima memoria, así que nunca me acuerdo de los pasos. Me defiendo, pero por momentos quiero ser abducida por el ovni en el que vive Divina Gloria. Ante tantos sopores de timidez, sólo me sale hacer chistes. Y La Profe ríe mucho y me tira sus chispitas y yo me confundo todos los pasos... vuelta, giro, zarandeo... ¿qué? ¡esperá! y ella me mira y se ríe... y yo quiero quedar bien, pero ella y sus chispitas!
Hoy terminamos la clase haciendo relajación. Y para que me aflojara un poco me tomó de la espalda y me bajó la nuca. Su tacto en mi piel me hizo firuletes en la panza. La galaxia enmudeció. Después tuve que tomar mi DNI para recordar cómo me llamaba.
El viernes está empezando a ser el mejor día de la semana.

miércoles, 14 de abril de 2010

Abrirse de gambas

Tirar la piedra y esconder la mano. Hacen y dicen lo que se les antoja. Y después, se enjabonan la consciencia y todo les resbala.
Ese es el arte de la mina que sabe abrirse de gambas.
Hablo de Apertura-de-Gambas: Dícese de la tipa chota que sin vergüenza alguna rehúsa aceptar las verdaderas intenciones de sus pavoneos histéricos y con total descaro nos deja boquiabiertas creyendo que éramos nosotras las que confabulamos toda la cuestión.
Sí, abrirse de gambas... y no de la manera que una quisiera.

Yo nunca pude no hacerme cargo de algo. De hecho me he adjudicado muchos muertos que no eran míos: entredichos, discusiones, atentados y varias catástrofes naturales. ¡Perdón, perdón! Y la cabeza gacha para meterla en la guillotina.
Si hubiera sabido que uno podía abrir una tangente y huir por ahí... Pero ¿dónde está la tangente, la cotangente y mi profesora de matemática que nunca me explicó sobre estas variables de la física?


No puedo dejar de pensar que las tipas que conocí ultimamente son poco solventes.
Sí, eso es lo que les falta: Solvente.
Y a mí un fosforito.

domingo, 11 de abril de 2010

Entelequia

Las tardes de domingo te pienso sentada en el sillón leyendo tus libros, con el sol de la ventana rociándote de ámbar, mirándome de a ratos, sonriendo mientras leo mis libros y espero que se caliente el agua del mate.
Cerrando deliberadamente la cortina te acercarías a besarme, la respiración violentada, tu cintura, el desparramo de libros y la forma en que se te desarma la cara... Otra vez estos arranques súbitos que añoro tanto que no estaba pudiendo leer una sola palabra, mirándote hermosa contra la ventana, con mi boca encendida y el sol que te rozaba la frente.

Y sos siempre esa quimera. La que debiera darle sentido a esta desierta retórica del amor. Mi necia imaginación, mil y una noches contándome historias a mí misma, prometiéndome que existías, que habitabas este mundo y que un día nos reconoceríamos, reminiscencias de quién sabe cuándo, y nos desnudaríamos de cinismos, cayendo en cuenta de que al final todo era cierto y que ese amor era posible. Sentada en el sillón, el sol, los besos, los libros tirados y tenés que existir porque la vida no puede ser solamente esta sucesión de buenos modales y racionalidad de pasillo.
Pero tu estruendosa ausencia, cada vez que te llamo y te pido que aparezcas, que te corporices, que hayas nacido, que seas real y te hagas presente ahora mismo, después de tanto desaliento, cada vez que te llamo, tu estruendosa ausencia...


A veces me canso de llamarte.

jueves, 1 de abril de 2010

No morir en el intento

Introspektiva tocaba el violín. ¡Cuánta sensibilidad! ¡Qué mujer interesante! Durante el tiempo que hablamos por msn eregí en su honor esa estatua de soretes de paloma que invento siempre para idealizar al otro.
Tanto estuve moldeando soretes, que un día le dije de vernos.
La cita sucedió una noche cualquiera. Me puse las tetas a tiro y salí a su encuentro.
Introspektiva era una mujer silencosa, por sobre todas las cosas. Silenciosa. Silenciosa. Silenciosa. Y no había brea que aguante tanto bache. Yo había viajado una hora y media para llegar a ese lugar y gasté los últimos pesos que me quedaban en el bolsillo (malas épocas). Pero ella no tenía nada para decirme y así transcurrió la hora más larga de mi vida. No sólo no se preocupó en sacar ningún tema de conversación, sino que cuando nos fuimos, ni siquiera amagó a pagar.
Aburrida y quebrada. Esa fue mi cita.


Hay muchas mierdas que pueden pasar en una primera cita.
En caso de que las miserias vinieran por el lado de Ella, podría pasar que en vez de ser silenciosa, fuera todo lo contrario: que hablara... de más.
Esas que hablan de más, son un riesgo para quien tiene los oídos continuamente puestos. Con total impunidad Ella es capaz decirte cosas tales como "Yo no odio a los negros de piel, odio a los negros de mente" o "Bueno, pero también en esa época habían muchos subversivos". En esos momentos debés esbozar tu mejor sonrisa y hacer mucha fuerza para sufrir una embolia. Si no corrieras con esa suerte, no tendrás otra que soportar la agonía de todo el resto de la cita.

Por otro lado, hay muchas torpezas que podríamos cometer nosotras. Por eso, será bueno tener en cuenta algunas cuestiones, como para transitar semejante evento de la manera mas airosa posible:
1) El alcohol es un importante deshinibidor. Pero ojo! También deshinibe la lengua. Y en una primera cita todo lo que digas será utilizado en tu contra. Si decidiste tomar, nunca tomes más que la otra, así si te emborrachás y decís huevadas, ella no podrá recordarlo.
2) No obstante, la queremos jocosa pero no pelotuda. Buscá la manera de que celebre, pero no se estrelle contra la mesa. La vergüenza ajena no es buena para nadie.
3) Evitá los chistes que puedan sonar racistas. La otra no tiene porqué entender tu sentido del humor sacástico y podés quedar realmente muy mal. Y si de todas maneras incurrieras en ese error, cuidado con las aclaraciones. Podés quedar aún peor.
4) El toilette no es buen aliado de la primera cita. Evitá las múltiples visitas. No es bueno que la primera vez que ves a alguien, te asocie con nada relativo al baño.
5) No mucha gente está dispuesta a tener sexo en la primera cita, pero si eso es algo que estás considerando, tratá de no comer cosas pesadas y/o picantes. Ya habrá tiempo para ruidos y olores, pero démosle un poco de espacio al romance y al jabón de tocador. Todo lo demás puede esperar unos años de pareja.
6) Baja autoestima no es sinónimo de humildad. Antes que cualquier cosa, es importante no ponerse a una misma en un lugar de mierda. Los lugares de mierda están saturados. En la primera cita se negocia todo lo que a la otra pueda parecerle atractivo de nosotras. Y la victimización ¡no es un afrodisíaco!
7) Hay muchos temas que deben ser esquivados, siempre que se pueda:
- Ex parejas
- Yuyeos recientes
- Engaños y mentiras (propias)
- Traumas de la niñez
- Adicciones y desórdenes de todo tipo
- Verdades oscuras
- Secretos familiares
- Escatologías, secreciones y erupciones

Es muy claro que una siempre tiene que mostrarse tal cual es, pero no hay que abusar. Sinceridad no es honestidad bruta. No faltará ocasión para develar los misterios más turbios de nuestro ser, pero ese momento no es -bajo ningún punto de vista- en la primera cita.

Si todo sale bien, lo cual no significa que os halláis besado siquiera (el objetivo primordial es pasar un momento ameno y, si se puede, gustarse), en breve se concertará una segunda cita, en la que sí habrá probabilidades de mano en rodilla, caricia leve, me hago la gila y te doy un beso, sino no estarías acá, es claro que te he gustado.
Pero para que eso ocurra, deberás dar lo mejor de vos misma para tener una buena primera cita...
O al menos, para no morir en el intento.

lunes, 29 de marzo de 2010

Receta para la hija única

Buscando el amor en los placares,
poniéndole la cola al burro.
Disfrazando pantomimas
con pelucas de romance.
Ténue como la buena falacia,
se escapó un día el verano.


Amatista violeta para el equilibrio.
Una docena de buenos libros.
Clases y talleres.
Puñados de ropa nueva.
Los ojos de papá cuando está orgulloso.
Una ducha caliente.
Risotadas y abrazos.
Un paseo en bicicleta.
Domingos y feriados.

Otoño será de obsequios.
Agasajos de mí,
para mí.

Mi propia hija única.

jueves, 25 de marzo de 2010

PutiLindo en el País de las Marapijas

PutiLindo no viaja a través del espejo para pasar al otro mundo. Abre puertas. Abre la puerta de un baño. Un Mc Donald's, una estación de subte. Noc-noc! Y PutiLindo entra en el voluptuoso mundo en el que más de dos sacudidas, es paja.
Desde que PutiLindo hace Tetera, sus historias en los baños públicos han despertado mis más oscuros intereses. Esa subcultura toiletera, de baldosas blancas y miradas lascivas, empapada de oficinistas, maricas, casados y chongos de toda índole, saben hacerse un saltito al baño adecuado, un día cualquiera, una tiradita de goma al pasar. Abren la puerta en un punto Alfa en el universo y entran en el País de las Marapijas, como PutiLindo. Y se llenan de pijas. Y se sacían de pijas. Y después no hay más que subirse los cierres y retirarse.

Cuando saco la cuenta del dinero gastado en boliches, citas y demases, los dolores, los llantos, los mensajes de texto, las sesiones de terapia, la banda ancha, las horas de analisis extra curricular con amigos y todo eso que una paga con sangre por ser torta y querer tener algo que sea lo más parecido al sexo, me pregunto porqué no podría yo un día tener esa llave que conduzca a mi propia Tetera de porcelana. Un sitio para todas las tortas que estemos hartas de tanto preludio. ¡Pura ortopedia! porque, honestamente, toda esta voltereta infame, todo este "sí, pero...", este artificio al que jugamos y que llamamos histeria o recato, debe ser detenido. A veces no es amor lo que nos pasa... a veces es sólo abrir la puerta de un baño. Y que se desate el vendaval.
Si eso un día ocurriese sin más, si un día fuera que fundáramos el País de la Tetafácil, nuestro querido baño público femenino, después de tanta vida de vaivenes amorosos, pues quizás, yo nunca tendría novia.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Diagnosticada

Consultorio de la Dra. Débora Pérez Volpin
Médica Clínica - Ginecóloga Voluntaria

- Hola doctora, ¿cómo le va?
- ¿Qué tal Tortódroma? ¿Qué la trae a mi consulta?
- Vea, tengo un dolor aquí, en el pecho...
- Ajá, ajá... Dígame, ¿qué otros síntomas presenta?
- Pues tengo malestar en el lado vacío de la cama.
- ¿Probó con algún suplemento amoroso?
- Sí, estuve con algunas gentes pero al final sólo acetuaron los síntomas.
- ¿Y reposo?
- Poco...
- Ajá, ajá... Déjeme ver. Sí, lo que creí: a usted le está doliendo la soledad, ¿verdad?
- Y yo creo que sí...
- Bueno, ¿qué le parece si le receto unas vacaciones con amigos?
- Podría ser...
- Aquí está: una semana de vacaciones lejos de todo, a partir de mañana... ¡Y nada de pensar en mujeres! ¿Tiene marihuana?
- No sé, no consigo...
- Bueno, me busca unos porros, unos fernets y se tira panza arriba, me hace el favor!
- Gracias doctora...
- Vaya, vaya... (pobre naba)

martes, 9 de marzo de 2010

Gran concurso: "Yo quiero ser feliz... pero con ella"

Participá para ganar la Novia Chota del Bicentenario

Bases y condiciones:

1.-El presente concurso es válido en todo el país y está organizado por Tortódroma Argentina S.A. con domicilio en Sertortaapesta.blogspot.com.

2.-Podrán participar de la promoción todas aquellas mujeres que presenten una autoestima de grado cero a menos diez. No deberán tener afiliación a ningún grupo de terapia o terapia individual. No deberán tener en su poder ni un gramo de amor propio.

3.- Modo de participar: Las concursantes deberán enviar por correo electrónico (a concurso@nosehacerotracosaquesufrir.com con el Asunto: "Yo quiero ser feliz... pero con ella"), las respuestas a las siguientes preguntas:
a) ¿Cómo planea ud. lograr la felicidad junto a una Novia Chota?
b) ¿Qué recursos de la baja autoestima utilizará (humillaciones, ceguera, negación, culpa, etc.) y de qué manera?
c) ¿Qué cantidad de empecinamiento tiene ud. al día de la fecha? (presentar certificado médico de idiotez)
d) ¿Ha tenido relaciones de mierda recientemente?
e) ¿Cómo planifica evitar todo tipo de aprendizaje?
Al finalizar córtese un poco alguna parte del cuerpo y vierta algunas gotas de sangre y lágrimas sobre el teclado.

4.- Las participantes, o idiotas en cuestión, deberán además entregar garantía de permanencia en la relación, más allá de cualquier eventualidad que la Novia Chota pueda ocasionar (engaños, traiciones, mentiras, degradaciones, escándalos públicos, maltrato, agresiones).

5.- El jurado estará conformado por la Lic. Tortódroma (Máster en Relaciones de Mierda) y la gente que a Tortódroma se le antoje (se recluta con soborno, nuestro jurado es y siempre será corrupto).

6.- Premio: Se premiarán las respuestas más pelotudas. La ganadora se hará acreedora de la Novia Chota del Bicentenario. La misma será entregada en altísimo estado etílico, junto a la barra de algún bolichín pedorro (a designar). Hay un stock ilimitado de Novias Chotas, así que toda participante que cumpla los requisitos de lastimosa humanidad, podrá llevarse una.

7.- La organizadora no asume ninguna responsabilidad frente a la ganadora por cualquier desperfecto, inconveniente, defecto y anomalías de cualquier tipo que pudiere presentar el premio. Usted la pidió, ahora jódase!

8.- Sólo podrán declinar el premio aquellas concursantes que presenten mejoras en su estima o algún grado de adultez mental.

domingo, 7 de marzo de 2010

¿Adónde van las mujeres cuando desaparecen?

Ayer fui a la casa de Stephen Hawking.
Toqué el timbre y le dije: Stevie (a él le gusta que lo llame así) vengo a hacerte una consulta física... casi te diría metafísica.
El sonrió y se hubiera refregado las manos si hubiera podido, porque esas son las preguntas que más le gustan.
Me invitó a tomar unos mates, para acompañar las pepas de membrillo que le llevé. Cuando estaba cebando el segundo (dulzón, como nos gustan) lo introduje en mi duda cósmica.
Stevie, dije, ¿adónde van las mujeres cuando desaparecen?
El me miró atónito. No existía para él explicación científica que aclarara el misterio de la volatilización de partículas femeninas. Me llevó hacia un pizarrón que tiene en el garage y como pudo (porque yo casi nunca le entiendo cuando intenta demostrarme cuestiones físicas) me aclaró que, según las leyes conocidas, es improbable que la materia pueda simplemente disolverse en el aire.
Me fui de su casa pensando que Stevie sabía mucho de física, pero nada de mujeres.

De ahí me tomé el subte y bajé en lo de mi amiga Miss A. quien, después de muchas horribles experiencias, se ganó el Doctorado honorífico en Mujeres Borradas.
Miss A., le dije a la espera de sus conocimientos, ¿adónde van las mujeres cuando desaparecen?
Y comenzamos a debatir sobre los posibles paraderos de estas señoras que, sin razón aparente, deciden desvanecerse.
Abducciones alienígenas, amnesia temporal, secuestros exprés, agujeros negros en el tiempo-espacio (nota mental: retomar este tema con Stephen)... ninguna de nuestras teorías pudo develar la incógnita.

Enseguida me percaté que sólo quedaba un lugar donde ir a buscar respuesta. Claro que, en el consultorio de Juan Terapista, las preguntas que yo llevo se dan vuelta y me apuntan a mí.
Le conté mi historia con P., nuestro romance mal parido y mis ganas de que al menos algo pudiera salvarse. También le conté cómo, más allá de todas esas buenas intenciones, P. se olió que las patas que había metido eran varias, se asustó y simplemente se borró.
¿Adónde van las mujeres cuando desaparecen?, le lancé a Juan Terapista, consciente de que estaba preguntando una idiotez.
Él me tiró bosta en la cara, como siempre, y lloré y cavamos en mis lagrimales y hablamos de todo eso que duele y de lo mucho que cuesta girar la canoa hacia la paz interior...
Y concordamos en que la paz (la posta, no la de Bolivia) está aún muy lejos porque sigo sin buscarla. Ouch!

Y cuando me fui me di cuenta que no me respondió la pregunta.
Pero entonces, ya no importaba.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Mala noche

N.N. sabía exacto qué y cómo. Sabía también cuánto... y cuánto, para mí, nunca es suficiente. Manejaba además los cuándo, que fueron cada vez más esporádicos.
Pero los qué y los cómo... Uf!
Su arte de amar era pura predisposición, cálculo, atención, destreza física, delicadeza... un cúmulo de aptitudes que más de una vez me dejaron semi inconciente.
Durante nuestros años buenos, fue fiel alumna de todos mis gustos y fuimos inventando trucos y parodias, ritmos y fantasías.
Pero cuando los cuánto y los cuándo se convirtieron en desastre, en miles de noches de insomnio en contraposición a sus miles de noches de sueño pesado (quizás porque N.N. ya andaba ejerciendo sus cómo por otras camas), me quedé sin nuestros magníficos qué, que ya habían alcanzado el nivel de knock-out técnico y nos dejaban a ambas completamente fuera de juego.

Pasa un tiempo (prudencial) antes de que una quiera realmente volver a preguntarse qué, cómo, dónde y con quién.
Sin embargo, eventualmente llega el momento de cambiar las sábanas.
Pero a veces, las sábanas de otras...

Tomemos como ejemplo a invididuo T.
Individuo T. se va en bici a la casa de individuo P., silbando una sonrisa llena de expectativas. La noche se hace gotitas que pegan en el techo de chapa del patio y le hacen un moñito al regalo de dormir juntas.
Pero después individuo P., que parecía más tranquila que una hamaca paraguaya, ataca y somete a T. a una brutal fricción en la que queda casi lisiada. ¿Te duele? ¡Sí, mierda, sí! Aunque T. no dice nada porque si a P. le gusta, T. puede aguantar un ratito más... ¿Pero qué demonios le gusta de andar colisionando cruelmente ambas genitalidades? Y entonces P., que por alguna razón parece disfrutar de prácticamente lijarle el sexo a su compañera, no hace más que eso... y después, satisfecha, se queda dormida.
La herida invalidante de individuo T., se hace sufrimiento cuando al día siguiente debe volver a montar el asiento de su bici para volver a casa.


A veces, las sábanas de otras...