lunes, 25 de julio de 2011

IX - Ese tipo de mujeres

Salgo del taller pensando en algunas cosas que me dijo Manuel. Correcciones que tengo que aplicarle al texto que, por lo demás, parece que está muy bien. De hecho, Manuel me pidió que si me dan ganas siga escribiendo un poco más sobre esa historia.
Camino por la calle distraída, ensimismada. Sin querer acabo de pasarme una cuadra la parada del colectivo, así que tengo que volver. Son más de las once y media de la noche del martes y el barrio donde vive Manuel está desolado.
Me pongo a esperar el colectivo con la cabeza cargada de pensamientos y con el estómago revuelto. Una señora se detiene a preguntarme por una calle y no sé responderle. Pocos minutos después me acuerdo que la calle que buscaba queda muy cerca, pero la mujer ya se fue.

En el taller, Manuel me dijo que era la primera vez que llevaba un texto tan humano. Me explicó que llegar a este punto duele muchísimo, pero que vale la pena. Yo estaba devastada. La noche que me puse a escribirlo también me había sentido muy mal, pero estaba tan sumergida en lo que estaba escribiendo, que la inmensa angustia se mezcló con un sentimiento de satisfacción. Estaba logrando sacar a la luz lo que pasó con Paula años atrás. Cuando terminé de escribir el cuento sentí que no podía esperar a llevarlo al taller. Imaginaba que habrían muchas cosas para corregir, pero el sólo hecho de poder leerlo para Manuel y mis compañeros me producía mucha ansiedad. No pensé que leerlo iba a devolverme la angustia que sentí al escribirlo y, mucho peor, la angustia que sentí cuando lo viví.

Esperando el colectivo, no puedo dejar de tiritar. El frío me cala la piel. Por la calle pasan muy pocos autos y por la vereda no camina casi nadie. Meto las manos en los bolsillos de la campera y hundo la boca en la bufanda. Me concentro en atraer el colectivo con mis pensamientos. Lo imagino viniendo y hasta le rezo. Pero la mística no me sirve de nada porque el colectivo sigue sin aparecer. De todas formas, la verdad es que no quiero volver a casa. La sola idea de volver me horada más que el frío. ¿Cómo enfrentar mi cotidiano después de haber estado tan inmersa en el recuerdo de Paula? Paula volviendo a mí, absolutamente inoportuna. Después de tantos años. Paula no tiene nada que ver con mi actualidad y sin embargo su imagen está volviendo a adueñarse de todo.
El colectivo frena y me salpica una zapatilla con un poco de agua del cordón. Con desdén pero sin decir nada, miro las gotas en la goma blanca. El conductor me pregunta de mala manera si voy a subir. Subo, saco boleto y consigo sentarme al lado de la ventana.
Saco del morral la carpeta donde guardo los cuentos que escribí. Tomo el de Paula, que tiene escritas en birome las correcciones que anotó Manuel. "La selva invegetal". A un costado del título, Manuel escribió "Muy bueno". Hay algunas palabras tachadas, signos de admiración en las oraciones que le gustaron y al final un pequeño punteo de consejos para que pueda hacer una reescritura más pulida del texto. Debajo de todo, Manuel escribió "Fuerza!!!", así, con tres signos de admiración. Perspicaz como siempre, él sabe todo lo que este cuento me está moviendo. Me dijo que es claro que esta una historia que yo necesito contar y que me va a remover las entrañas. Había acertado. En plena lectura empecé a sentir una náusea que se sostuvo hasta que subí al colectivo. Gracias a la manera de manejar del conductor mis náuseas crecieron y ahora me siento realmente mal. Tomo un espejito del morral. Estoy pálida, como cuando me da un ataque al hígado. Lo único que espero es que no tardemos en llegar. Por suerte falta poco.
Cierro la carpeta con los textos y la guardo en el morral. Escribir sobre Paula es muy difícil. Manuel ni se imagina. Retomar esa historia en este momento es imposible. Está bien hacer catársis alguna vez, pero ahondar más en esto es tortuoso. Especialmente cuando algunas historias que viví parecieran repetirse. No exactas. Actitudes de la gente, formas de ser. Ese tipo de mujeres que parece que se me pegan. Aunque cada vez que digo algo así, La Rusa me dice que soy yo la que las elijo.

Toco el timbre del colectivo. Para y bajo. Camino las dos cuadras hasta mi casa y el viento me ayuda a aliviar las náuseas. Sin embargo los pensamientos no me dejan en paz. Siento que quizás todo este tiempo no hice más que repetirme. Que siempre elijo el mismo tipo de mujeres. Gente que eventualmente me hace mal. O quizás sea yo las que las guío en el camino hacia mi propia destrucción. Repito modelos, repito viejas conductas una y otra vez. A veces me veo reaccionando como lo hubiera hecho años atrás. Haciendo los mismos reclamos, quejándome por las mismas cosas, sintiéndome siempre sola, insatisfecha, inadecuada. Sí, se crece, se aprende. Pero mi esencia me persigue. No es este tipo de mujeres lo que va a terminar por arruinarme. Yo voy a arruinarme. Soy yo la que las elige, Rusa. ¿Hasta dónde se puede cambiar? ¿Hasta dónde voy a cambiar yo?

Abro la puerta de casa. Dejo las llaves en la mesa y el morral en el sillón. Me saco la campera y las zapatillas. Voy a mi pieza para cambiarme la ropa. Prendo la luz. Me sorprendo: mi novia está en la cama durmiendo. La veo y sonrío. Seguramente me esperó y se terminó quedando dormida. Me siento al borde de la cama y le acaricio la cabeza. No sabía que iba a venir a mi casa. Ella y sus sorpresas. Ella que también algún día va a dejarme.

O quizás, por una sola vez, todo sea diferente.

13 comentarios:

  1. Tenía que comentar.
    Me sentí increíblemente identificada con algunas cosas, y debo decir también que me encanta tu manera de escribir, muy bueno.

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  2. Puf. No sé qué decir, pero quería decir algo. Creo que van teniendo otra profundidad los capítulos che, hasta dónde llegaremos? Siga con fuerza usted. Besos.

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  3. No pares de escribir, que hallan muchos mas. Es increíble como logras que te atrape la historia. Buena vida sil !

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  4. La verdad, que ni fú ni fá.

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  5. Me encanta la manera en que llevas los ojos por cada momento. Me imagino todo. Hasta el olor a invierno dentro del bondi, las manos suaves agarrando de nuevo el escrito, la mirada pensativa, ese miedo de volver a algo que tal vez nunca se fue.
    Esas mismas manos acariciandole el pelo, esa mirada otra vez, el corazon deseando que ojala nunca se vaya.

    Volvi en el tiempo...el taller, el frio, los pensamientos, Pau,y el mareo que me provocan los autos. Menos la novia en mi cama jaja...

    Ahora pienso en lo que le dije a un amigo, el me escribia:
    ...Tomo una botella de vino
    Y me voy a beberla entre las flores.
    Siempre somos tres,
    Contando a mi sombra y a mi amiga, la Luna.
    Cuando canto, la luna me escucha,
    Cuando bailo mi sombra también baila.
    Terminada la fiesta...
    Los invitados deben partir.
    Yo, desconozco esa tristeza :
    Cuando marcho a mi casa,
    Siempre somos tres :
    Me acompaña la luna y me sigue mi sombra...

    y le dije:
    es extraño. La luna, el vino y mi sombra ...suspiro de los angeles que sueñan mirandonos. tan hermosa la noche, su estremecedor canto de ave tenue formando el viento
    me salva de la negacion de ir a navegar entre esos mares de estrellas y flores.
    Sin embargo, me aprieta el beso guardado.
    Sin embargo, espero esa sonrisa,

    ...todavia,
    entre las rocas.



    No es miedo a la soledad.
    Es querer compartir esa hermosura
    que es la vida
    con otro cuerpo que no carezca de almas...como la luna, como el vino...



    En fin, me sebe, como siempre me voy hacia otro lugar...jeje ..un abrazo
    y gracias por tu paciencia :)

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  6. Genial, vamos vamos que esta historia de un buen giro!

    Me senti asquerosamente tocada, maga, haces magia con lo que escribis!

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  7. ufffffffffff cada cuanto subis los textos?
    sOle.-

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  8. Osho decia que para cerrar una herida definitavamente hay que hurgar en ella, hay que entrar en lo mas profundo de esa herida para que tenga una excelente cicatrizacion,yo creo que vas por buen camino, de hecho creo que las nauseas que tenes son porque estas embarazada de vos misma, estas a punto de darte a luz... quizas. Besotes. Na.

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  9. me gustaria aprender a volcar en palabras de la manera exacta en que lo haces, lo que apesta ser heterosexual y resaltar lo complicado que es casi o mas que ser torta.

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  10. y para sanar hay que sacar el veneno y eso duele

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  11. Hace mucho que no leia tu blog...
    Y la verdad que me siento identificada con eso de mantener el patron, como si uno quisiera auto-predecirse todo el tiempo.
    siga escribiendo muchacha!

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