miércoles, 20 de junio de 2012

Abanderada


Y usted me dice, señora, que no abandone mi carrera universitaria. Yo le voy a decir, escúcheme bien, que a mí me importa un cuerno su necesidad de terminar correctamente todo lo que se haya metido a hacer, sea carrera, trabajo, familia o pollo al horno. A mí no me interesa terminar nada, señora. No me preocupa ser coherente. No me afecta que usted o su marido vengan a preguntarme qué mal tengo, qué problema doméstico o motriz me aqueja como para ser incapaz de darle coto a lo que se me haya ocurrido empezar. Su marido, qué ejemplo, el licenciado en psicología que terminó las cosas lo suficientemente bien como para andar arrancándole cien pesos la hora de llanto a los que todavía creen que la mayoría de las soluciones de la vida se pueden descorchar de la cabeza.
A mí no me va a venir a decir que sus hijas son felices porque terminaron la carrera o porque usted las educó bien. No mienta, señora. Si cierra un poco el pico, quizás escuche que a su hija no le saca un gemido el marido desde septiembre de 2010. Y eso que viven bien y que están terminando de pagar el crédito de la casa. Al que seguro educó bien fue a su hijo menor, flor de puto. Lo conocían en el barrio porque le tiraba la goma a los del club Matreros. Quién hubiera pensado una cosa así de los rugbiers. Pero ya unos cuantos se habían pasado el teléfono de su hijo. Y usted tan contenta de que Fernandito tuviera tantos amigos. Él sí que no tenía problema en acabar lo que había empezado.
Señora, présteme atención: antes la gente hacía el amor abanderada. Eso decía el Flaco. Abanderados. Y a usted no le importa. Entonces no me diga que no abandone mi carrera. No me diga que me importe algo de lo que usted sostiene.
¿Sabe qué? Yo nunca fui abanderada en la escuela, ni me llamaron para ser de esas boludas que se paraban a los costados. Como si eso fuera un orgullo. Prefería ser mala alumna, impertinente, última en la fila. Me ponía a hacer mímicas durante la entonación del himno nacional. ¿Qué diría Ortega y Gasset? Mi madre tendría que haber sabido que un comienzo de ese tipo no auguraba buenos finales. Pero señora, acá ya no hay abanderados del amor. Eso es lo que a mí me incumbe. Yo dormiría todas las noches enfundada en la banda oficial, si fuera por mí. Sin embargo usted me dice que hay cosas más importantes. Una buena educación, un título, una actitud coherente, una conciencia limpia.
¿Conciencia limpia? Acá me ve. No me quita el sueño dejar la carrera, quemar la cena, trabajar a medias. Menos me importa si se sonroja porque me encanta ver una mujer en tetas. ¿Qué va a decir de mi conciencia? Si ya se espantaba por lo de la carrera, el lesbianismo me la hace mear encima.
Tenga en claro que usted es un asco de vecina. En este barrio bien podrían caerse todos muertos, y mucho no les falta, manga de dinosaurios, incapaces de movilizarse masivamente a menos que sea porque el último huracán les cortó el cable de la tele. Y mucho cuidado con la torta, la lesbianita de la esquina, la artista bolchevique, usted sabe, la que el otro día casi se agarra con el del almacén por algo de política, ya vio cómo estamos, con la inflación y estos tipos que para robar un auto le pegan a cualquiera un tiro en la cabeza. A mí todo eso me importa menos que lo que a usted le importa saber que el mundo se nos está viniendo abajo.
Sígame lo que le digo: acá la gente ya no hace el amor abanderada. Da vergüenza el amor. Lo mejor que una puede hacer es terminar una carrera, comprarse un terrenito para edificar y procurar que nunca se le note demasiado el amor. Con las tripas afuera, no. Mejor viene siendo no comprometerse con nada, evitar cualquier riesgo. Levedad, señora, ni se nos ocurra dejar salir las intensidades. Hay que cuidarse y no quemarse las garras. No salir al sol, no decir que una ama, ama y ama hasta que se le chamuscan las vísceras. Esto sí me compete, señora: la gente de todo el mundo se ha guardado las banderas.

9 comentarios:

  1. BUENISIMOOOO...yo en algún momento pensé que la mayoría de las soluciones de la vida se podían descorchar de la cabeza...qué buenos vinos me perdí degustar ese año! uN BeSO!

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    1. Habría que inventar la terapia del totín.

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  2. ...bue, por lo menos demostré que no soy un robot! esta gente de blogger no deja de ponerla a prueba a una ¿?

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  3. Un grito hacia las tipas que siempre se olvidan de las banderas que realmente importan y del rocanrol, las tipas solemnes, las pálidas.
    Por suerte, alguien como Lemebel nos ha dicho -a nosotras,sobre todo a nosotras-:

    (...)YO NO SOY BUENA ONDA
    YO ACEPTO AL MUNDO
    SIN PEDIRLE ESA BUENA ONDA
    PERO IGUAL SE RÍEN
    TENGO CICATRICES DE RISAS EN LA ESPALDA


    (...)MI HOMBRÍA FUE MORDERME LAS BURLAS
    COMER RABIA PARA NO MATAR A TODO EL MUNDO
    MI HOMBRÍA ES ACEPTARME DIFERENTE
    SER COBARDE ES MUCHO MÁS DURO
    YO NO PONGO LA OTRA MEJILLA
    PONGO EL CULO COMPAÑERO
    Y ÉSA ES MI VENGANZA (...)


    chau jiles,nosotras ya estamos en la paralela y nunca se va a cruzar con la chota línea recta por la que ustedes transitan

    (MI HOMBRÍA ME LA ENSEÑÓ LA NOCHE)

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    1. genial ese poema. recomendado for the pipol.

      te quiero más que al fernet en vaso de litro!

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  4. Me encantan tus pasiones desmedidas bloggeras. Un verdadero placer leerte.

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  5. lo primero que te leo en blog, aplaudo de pié

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